Desde que tenía 14 años ya había escogido el nombre de mi hija. Mis amigas del colegio tenían dudas pero yo no. Abril era su nombre y me encantaba. Era perfecto, artístico, corto, poco común y bello. El hombre que se case conmigo debía amar el nombre y si en caso le pareciera un poco extraño yo debía encargarme de convencerlo de lo genial que era, hasta que lo llegara a amar locamente al igual que yo.
Mi primera regla fue a los 12 años, no recuerdo dolor pero sí una mezcla de sorpresa, temor, me sentía rara. Recuerdo que como me sentía tan avergonzada le pedí a mi mamá que no le cuente nada a mi papá. Al ser la hija mayor era la primera vez que en mi casa se experimentaba algo así. Mi mamá igual le contó a mi papá quien me dijo «Mi amor ya eres una mujercita» y me dio un gran abrazo. Yo claramente estaba muy incómoda y además enfadada con mamá por haberle contado a papá. ¿Mujercita yo? Claramente no me sentía así aún.
Recuerdo que como a los 14 o 15 años sí tenía dolor, al menos más que el dolor «normal» que experimentaban mis amigas del cole. Recuerdo un verano en el que me dolía mucho mucho y no podía bajar a la playa con mi familia y amigos por esta causa.
Con el tiempo comencé a tomar analgésicos que me ayudaban un poco y disimulaban el dolor pero en el fondo sabía que mi dolor no era normal a comparación de mis amigas.